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LA PEOR DE MIS BODAS 2: La telenovela continúa…, pero más descabellada.

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Y llegó a nuestra cartelera el primer estreno peruano del 2019. Se trata de “La peor de mis bodas 2”, la película número doce de la empresa Big Bang Films, distribuida por Cinecolor Films. Una comedia de situaciones que no debió ser estirada, pero sale al mercado porque la primera generó un relativo éxito de taquilla. 

Dirigida por Adolfo Aguilar (nuevamente a la cabeza) y escrita por 04 guionistas (Ítalo Carrera, Pablo Del Teso, Roberto Valdivieso, Sandro Ventura), esta secuela arrancó en su primer día del año con alrededor de 8 mil espectadores en las cadenas de cine, a excepción de Cineplanet que decidió darle el pase a partir del jueves 03 de enero. Una cifra menor comparándola con la primera que llevó a más de 32 mil espectadores y acumuló durante sus 8 semanas de permanencia a más de 720 mil espectadores a nivel nacional, colocándola en el puesto 04 detrás de (“Locos de amor”, “Calichín” y Guerrero”) en el 2016.

Protagonizada por la peruana Maricarmen Marín y el mexicano Gabriel Soto, la ópera prima del director tenía muchos problemas técnicos (desde errores de continuidad hasta baches en el guion de corte telenovelero donde triunfa el amor, las clases sociales conviven armoniosamente, la mala recibe su castigo y la pobre mujer bonita sólo era feliz si tenía a un hombre guapo y adinerado a su lado). A pesar de todo, la cinta tenía un ritmo bastante parejo y lo más importante es que tenía a 02 actores que simpatizaron con la audiencia y eran su mejor gancho: Ricky Tosso (interpretando a un mayordomo) y Carlos Casella (interpretando a un estereotipado gay amanerado selvático, pero bastante ocurrente). En una trama que consistía en arruinar la boda del viudo y millonario Salvador, pero este termina enamorándose y casándose con Maricielo, que se hace pasar por “organizadora de bodas”.

Han pasado dos años y la feliz pareja tiene su primer gran problema, concretamente él. Salvador (Gabriel Soto) ha sido estafado por un socio en la empresa, está al borde de la ruina y a punto de ir a la cárcel, por lo que no tiene otra opción que embargar la casa. Ignacio (Thiago Vernal), su hijo pre-adolescente, decide “ayudar” contactándose con su abuela que vive en México. Ella es Leonor (Laura Zapata), una jubilada jueza millonaria medio histérica que viene a Lima al “rescate” de su hijo a quien no ve desde hace tiempo (y no sabe nada de su fornido retoño).

Con una línea argumental básica y única, y a medida que va desarrollándose la trama resulta insólito que teniendo 04 guionistas no pudieran manejarla de la manera más inteligente y más coherente posible, pues si al inicio la aparición de la suegra (la mítica actriz villana de las telenovelas mexicanas) parece tomar las riendas y el peso narrativo por su imponente presencia (a pesar de ser plana y ninguneando a todo ente viviente que no sea de su sangre y abolengo tratándolos como empleados de la casa), en el segundo acto pasa a un segundo plano (donde entabla una amistad o un acercamiento con su nieto) y en el tercer acto es desaprovechada totalmente, ya que es jalada para aquí y para allá como un títere para finalmente convertirse -por magia de los guionistas- en una madre/suegra que ha recapacitado y está a favor de la unión familiar.

Algo que llama la atención es cómo Juancito (Carlos Casella), el gay amanerado, que siendo un personaje secundario toma el protagonismo en toda la cinta, pues prácticamente estamos ante su película (y su sola presencia es un respiro y una sonrisa para la audiencia en una historia totalmente jalada de los cabellos, ya que él ahora es el “organizador de bodas”).

Por otro lado, Maricielo (Maricarmen Marín) pasa a ser un personaje más entre todos casi casi como un mero decorado de la puesta en escena, sin capacidad de decisión, sin arco evolutivo de personaje, es la típica mujer dominada y sumisa que le diría a su marido “sí, mi amor, tú tienes toda la razón, que se haga todo como tú lo dices”. A falta de una villana (o un antagonista como tal), a media película aparece Úrsula (Attilia Boschetti), la madre de la ex de Salvador, para sacar un provecho e intentar arruinar todo el plan: Salvador y Maricielo están fingiendo casarse otra vez, ya que no tienen las agallas suficientes de decirle a su madre (a la suegra mexicana), que ya están casados y que no la invitaron a la boda hace dos años, además hay un interés de salvación económica de por medio.

Finalmente, a nivel técnico hay un mayor cuidado en la dirección de arte, pero la dirección de actores es irregular y la fotografía no crea atmósferas ni aporta significativamente a las escenas ni refleja estados de ánimos o sentimientos de los personajes (sigue siendo televisivo), y en cuanto al montaje tiene su peor momento en la escena clímax (el día de la boda donde “se arruinaría” todo), pues no alcanza el ritmo adecuado ni explosiona como debería ser.

PUNTAJE: 1/10

® Héctor Turco