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EL GRAN CRIOLLO: Lo nuestro en pantalla grande

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Escrita y dirigida por Alex Hidalgo, “El Gran Criollo” llegó a nuestra cartelera nacional. Este tercer largometraje del realizador nos da ya un sólido referente respecto a lo que viene (y vendrá) plasmando en la pantalla grande con un propósito específico: Revalorar nuestra cultura e identidad de manera entretenida, didáctica e ilustrativa. Ahí tenemos “Sueños de Gloria” (una comedia musical sobre la pasión por la marinera), “Nasca Yuukai” (un terror hibrido sobre el origen, el turismo y la conservación de las líneas de Nasca) y ahora “El Gran Criollo” (una comedia familiar sobre la amistad y amor por la música criolla en torno a los niños y jóvenes). A futuro se vienen proyectos como “Africanía” (una comedia de época en tiempos de la esclavitud) y “El Cristo de los Morados” (una nueva versión sobre el origen de la sagrada imagen del Señor de los Milagros).

Hecha esta breve introducción y retrospectiva fílmica podemos rastrear o deducir las metas que el director se ha trazado consciente e inconscientemente: Producir una película para un doble y determinado público. Un público local (peruanos alienados o peruanos que han perdido sus costumbres) y un público extranjero (peruanos que están fuera de nuestro territorio y son más sensibles para apreciar lo nuestro e incluso para capturar gente que desconoce totalmente nuestro terruño). De hecho, este segundo público es la que puede valorar más en positivo estas películas porque se acercan más por el contenido que por la forma. Todo esto hacen de Esencia Films una empresa con objetivos claros y súper interesantes, apostando por cintas de género con altas dosis de contenido peruanísimo. Técnicamente están mejorando, pero a nivel narrativo se viene arrastrando ciertas debilidades notorias, específicamente en el guion como lo podremos ver en “El Gran criollo”.

Su estructura aparentemente simple, en realidad es bastante compleja. No es del todo lineal: “El abuelo Felipe (le cuenta a su adolescente nieta) los momentos más memorables y divertidos de su infancia y juventud en torno a un grupo de amigos amantes de la música criolla, pero también relata los tristes y duros momentos que le tocó  vivir como la muerte de su madre y los maltratos de su padrastro”.

Estamos pues ante 03 etapas de la vida del protagonista (bajo su punto de vista y voz narrativa) y donde lo más atractivo es la infancia. Son las anécdotas y las vivencias de los pequeños niños, cuya ternura y simpatía, logran conectar con la audiencia. Es uno de tramos más consistentes a nivel de guion de toda la película. Además están los primeros acercamientos a la música criolla como el concurso escolar “El Gran Criollo”, los hechos trágicos que marcarían la vida de nuestro pequeño héroe y su partida hacia el extranjero.

Luego de vivir una temporada en los Estados Unidos (en realidad son escenas turísticas, sin carga dramática y de mera postal como si vivir fuera del país fuera un paraíso) nuestro protagonista y juvenil Felipe regresa a Lima para reencontrarse con los amigotes de antaño y sus raíces. Este segundo tramo o parte de la película no cuaja del todo porque desde su inicio el espectador tiene que empezar de cero; es decir, tiene que reconocer/acostumbrarse a los nuevos rostros y a nuevos objetivos. El gancho más facilista es que Felipe no ha olvidado a Valentina, una hermosa y talentosa niña que bailaba marinera en la escuela. ¿En qué momento surge ese amor? La verdad es que no existen sólidas y claras escenas que avalen ese sentimiento perdurable. Las únicas pistas podrían ser que durante el concurso escolar en la infancia, él solo la observaba embelesado, un efecto de globos en forma de corazón y un hermoso vals “Ojos grises” que ni siquiera la cantó él directamente. Por otro lado, tenemos a la hermana de Felipe llamada Alía que de pequeña era fanática del rock duro, pero vuelve a Lima amante de la música criolla. ¿En qué momento ocurrió ese cambio de gusto? ¿Solo porque estuvo en el extranjero? Y finalmente reaparece el padrastro de Felipe para fastidiarle la vida otra vez. ¿Era necesario la reaparición de este oponente que de por si ya era bastante plano desde un principio? Las interrogantes formuladas y otras surgen mientras la trama avanza con otras subtramas un tanto forzadas, y que muchas veces distienden y desentonan, entre ellas la participación grotesca más que entretenida de “Damián y El Toyo” (jalados en las producciones fílmicas para atraer público y prensa, pero que por amor a la verdad no funcionan en la práctica). Solo las canciones y las coreografías musicales criollas (entre ellas el vals “Valentina”) logran cautivar al público durante esta parte de la cinta que cierra de la forma más inesperada, inverosímil y hasta repetitiva.

Finalmente el abuelo Felipe culmina su relato (técnicamente fue un gran ‘racconto’) y nos situamos en tiempo presente. Aquí, nuevamente el espectador es lanzado a una incertidumbre e incógnita. ¿Se casó con Valentina? ¿No están vivos sus grandes amigos como para no poder hacer un reencuentro de viejos (al menos con algunos de ellos)? Etc. Sin duda, grandes baches en el guion. Además, otro de los aspectos que llama la atención es el trabajo de fotografía bastante televisivo, pues no crea atmósferas ni remarca tonos que dividan claramente las tres etapas del protagonista, ya que muy bien pudo haberlas resueltos quizás con un poco de colorización o tal vez vestuario o un diseño de arte más comprometido.

PUNTAJE: 3/10

® Héctor Turco