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UNA COMEDIA MACABRA: Otro intento fallido

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Por: José Romero Carrillo

El director Sandro Ventura arremete nuevamente en la cartelera nacional, con la que es su sexta película: “Una comedia macabra”. Contrariamente a lo que se anuncia no es ni cómica ni macabra. Tampoco es aquella propuesta que a partir de la irreverencia pueda transgredir códigos genéricos, ni mucho menos algo novedoso que pueda cuestionar nuestros conceptos de lo “raro” o confrontar lo que resulta normal para unos y otros. En fin, es una película que refuerza los clichés. No se rompen estereotipos, sino todo lo opuesto, incluso desde el mismo instante del casting. Solo basta reconocer, el actor asignado para cada personaje, comprobamos que todos ellos, repiten perfiles ya vistos en anteriores producciones. Con la única excepción de Emilia Drago, que aquí se empeña en componer un personaje fuerte, bravío, en comparación a la candidez que la ha caracterizado en las dos entregas de “Asu Mare”. Sin embargo, su actuación carece de brío ni logra despegar como la justiciera feminista como la pretenden etiquetar desde el inicio. Por todo lo demás, nos damos cuenta de la profunda inocencia, el mínimo riesgo asumido y en definitiva, el desconocimiento con que el cineasta se aproxima -otra vez sin éxito- a un género que al parecer le agrada mucho: la comedia.

La película cuenta la historia de Ángela (Emilia Drago) que descubre la infidelidad de su novio e inicia una carrera desesperada por encontrar venganza, acudiendo incluso a los servicios de una bruja, interpretada por Fiorella Rodríguez. Su compañera en esta aventura cinematográfica es Natalia Salas, una joven actriz de enorme potencial para la comedia pero desperdiciada entre disparate “kitsch”. Hasta el punto que en el tramo final, podemos percibir su extravío, al no encontrar el feedback en sus compañeros de escena para generar esa chispa, que compatibilidad que nos brinde una limpia y justa risotada.

La anterior propuesta de Bing Bang Films, “La peor de mis bodas”, sin ser una comedia lograda se las amañaba para poner en evidencia su entusiasmo y un puñado de ideas argumentales que encontraron complicidad con el público espectador, por eso los buenos números que registró en la taquilla local. Razón más que suficiente para que se esté produciendo la secuela. Desafortunadamente de la película que nos ocupa no podemos decir lo mismo. Creo que el director es una figura decisiva en la comedia peruana, donde más del 50 por ciento de su éxito comercial depende del talento detrás de cámara. Ricardo Maldonado es un perfecto ejemplo de esta afirmación. Ojo, que no me refiero al suceso a nivel la crítica, porque está comprobado que ello poco le importa a la casa productora.

Así llega a puntualmente a nuestras pantallas, “Una comedia macabra”, otro nuevo intento de Bing Bang Films, por travestir la falta de ideas y el facilismo de sofisticación y seudo-esteticismo. Persistiendo así en el ánimo de subestimar al espectador peruano -con argucias argumentales y jales marketeros como la inclusión del mexicano Adal Ramones– al ofrecerle una narración torpe y deslucida que avanza casi por inercia. Olvidando en el camino lo más genuino e invariable que toda comedia debe tener: entretener y en consecuencia, hacer reír.