Home Críticas LA HORA FINAL: Ojos que quieren ver

LA HORA FINAL: Ojos que quieren ver

1280
SHARE

Por: José Romero Carrillo

Un nuevo acercamiento a la temática de Sendero Luminoso, en esta etapa de reconciliación del espectador con el cine nacional es muy pertinente. Si a eso le sumamos que este año se cumplen veinticinco años de la captura de Abimael Guzmán, el líder de esta agrupación terrorista. La ecuación es perfecta. En el preciso momento que el tema está en el candelero de la opinión pública, cuando todos los medios de comunicación de este país rememoran lo acontecido el 12 de septiembre de 1992, el productor Gustavo Sánchez y el realizador Eduardo Mendoza de Echave nos ofrecen una versión cinematográfica de los hechos.

El cine sirve también como herramienta de recordación de incidentes que han marcado a toda una nación, para nuevas audiencias que no la vivieron. Quien puede estar en contra de ello, pero el cine es mucho más. Lo que “La hora final” nos prometía en el trailer y en su campaña publicitaria era historia del grupo de capturó al enemigo número uno de la historia del Perú. Sin embargo, mi mayor reparo hacia la película está en su nula capacidad para crear tensión, presentarse como un thriller para de inmediato desviar su atención desde los primeros segundos hacia solo dos personajes: los agentes Carlos Zambrano (Pietro Sibille) y Gabriela Coronado (Nidia Bermejo). ¿Dónde queda el retrato del heroísmo del equipo? Si todo gira en torno a la pareja en cuestión. Surgen las  subtramas de Zambrano y su hijo; Coronado y su hermano senderista, y por supuesto la del accionar de la pareja de agentes al interior del Grupo Especial de Inteligencia del Perú (GEIN). Tenemos tres líneas narrativas que se entorpecen mutuamente, y donde la época de violencia solo es el telón de fondo, más no el componente vital que brinde pulso al íntegro del relato.

Ningún peruano puede ser indiferente a la lucha titánica de los miembros del GEIN. Ello no está en discusión. Pero lo que observamos en la gran pantalla, es un relato cinematográfico que languidece por su falta de aplomo y pericia para desarrollar dramáticamente una historia verídica, que por todos es conocida. Estamos frente a un típico ejemplo de lo que llaman “películas necesarias” para la gran audiencia, en el cual el tema abordado se impone por sobre todo lo demás. En todo caso, el componente histórico presente en “La hora final” juega un papel determinante pero ello no puede ni debe ser la razón por la que agrade a tantos.

“La hora final” tampoco funciona como thriller policial, porque desestima la pesquisa, la investigación de este equipo, lo que es la esencia del posterior heroísmo del conjunto. En su lugar, se erige torpemente la figura de un héroe de acción, monótono e inverosímil que capta para sí, todas las cualidades y penurias que asoman en el cotidiano desempeño de un agente de investigación. Abnegado, comprometido y habilidoso en situaciones extremas. A su lado, la agente Coronado asume la tarea de la reconciliación, eso sí con un alto sentido del deber, superior a cualquier lazo sanguíneo. Así podemos continuar, dando cuenta de otros personajes como el jefe del equipo que interpreta Toño Vega que a partir de palabras gruesas y decenas de cigarros, pretende darle la potencia y credibilidad que amerita su histórico rol. En definitiva, se nos ofrece un desfile de estampas que el espectador debe reconocer y canjear por lo que hizo en la vida real.

La película es una obra oportunista, que funciona como “ayuda memoria” de hechos traumáticos de nuestra nación, pero en ningún caso es un instrumento de reflexión, así como tampoco es la gran película que muchos ven. Solo bastaría con exponer este trabajo a plateas extranjeras, unas que sepan poco de nuestro convulso pasado, para constatar su débil tratamiento. Sendero Luminoso es mucho más un coche bomba y algunos apagones, puede incluso no verse los estragos de su accionar y sin embargo constituirse en una entidad poderosa, como ya lo demostró “La boca del lobo, de Francisco Lombardi hace casi 30 años

Dos apuntes finales, cuesta creer que se trate del mismo director que hace unos pocos años nos entregó la interesante “El evangelio de la carne”, y la actriz Nidia Bermejo, que se presenta como lo que es, una competente actriz que puede lucirse a pesar del todo. Por lo demás, estamos frente a una película carente de alma y de aquello que se empeña en representar: la verdad.